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La cueva misteriosa

  • Foto del escritor: Santi Iglesias de Paul
    Santi Iglesias de Paul
  • hace 19 horas
  • 4 Min. de lectura

— ¿Nos metemos en esta cueva?


— Nunca me gustaron las cuevas, pero esta tiene un algo especial. No sé. Malo será que habiten osos hambrientos. Podremos entrar, si quitamos todas estas telarañas.


Allí estaban, en la provincia de Madrid en el año 25 de este siglo XXI, con aquel sol radiente, Carlos y Marta dispuestos a bajar por aquella rampa. Daba cierto miedo, la verdad.


Las pelis que habían visto sobre temas similares no siempre acababan bien. Ellos eran novios desde hace 2 meses. Los mejores meses de su vida, según Marta. Carlos prefería no pronunciarse al respecto. Él era más bien de los mundiales de fútbol. Esos sí que eran meses fantásticos.  


Pero se decidieron y finalmente entraron en la cueva. No se veía un carajo. Encendieron las linternas del móvil. Ella, un poco preocupada, puso antes un whatsapp a su amiga Conchita y textualmente escribió:


“Me estoy metiendo con Carlos en una cueva profunda: si no te llamo dentro de una hora, avisa al 112. Por cierto, que sepas que tu marido te engaña con la de la panadería y que tiene su razón de ser el que comais ahora tantos bollitos. Tenía que decírtelo, lo siento”


Y se quedó tan Pancha. 


Un pequeño riachuelo surcaba el suelo de la cueva. Una cueva más bien húmeda. Hacía fresquito, Marta se subió más, si cabe, los calcetines, mientras exclamó


- Deberíamos haber ido a Benidorm este finde. Aquí hace una rasca que te cagas.


No se oía nada, ni un rumor, ni una brisa. Silencio sepulcral. Siguieron andando. De momento de pie, algún tramo agachados. El aprovechó para darle una palmadita en el culo, lo cual ella agradeció. Aquello detalles de él le gustaban.  


De repente, como a lo lejos, se comenzó a escuchar algo. Marta cogió de la mano a Carlos. Él se cambió de mano el móvil con la linterna. Se oía nítida aquella voz, que decía: 


— “Oink, oink aserejé. Esto lo tenéis que ver”


— ¿Has oído Marta? Viene de allí— repuso Carlos con cierto temblor.


— Sí, lo he escuchado. No me cabe duda de que algo ha sonado por ahí— Y Marta señaló una dirección. Apenas lo he entendido— finalizó. 


La cueva, cada vez más fría, indicaba que era mejor no quedarse parados, había que seguir para adelante. Volvieron a escuchar aquella voz


— “Oink, oink, aserejé. Esto lo tenéis que ver”.


— No cabe duda, viene de allí— Aseguró Carlos cogiendo más fuerte de la mano de Marta e indicando una nueva dirección.


Carlos, que trabajaba en una funeraria, tenía constancia de que los fenómenos paranormales estaban a la orden del día. Y en cuevas oscuras más todavía. Y mientras se quitaba una telaraña del ojo exclamó.


— Qué misterio. Desde la víspera del “efecto 2000” no sentía nada parecido. Vamos a averiguar qué sucede aquí.  


Así que se pusieron a andar en la dirección adecuada y mayor fue su sorpresa cuando vieron una cartelito, muy mono puesto, que ponía muy claramente


— “Aserejé, aserejé, ya te queda poco para ver”.


— Oye Carlos, ¿nos volvemos?— Esto me supera. inquirió Marta.


— Sigamos— repuso Carlos. Una terrible duda...Antes decían “oink, oink” y ahora ya no. Este detalle me intriga. Puede que nos llevemos una sorpresa con todo esto.


— Grata, grata... No sé, el “oink, oink” me espeluznaba— repuso Marta. Pero tal vez sea mejor dejarlo


— Vamos, seamos valientes. Puede que estemos ante un descubrimiento sensacional, tanto o más como los tapones esos de las narices que no se pueden separar de la botella que cierran— dijo Carlos. Llegaremos hasta el fin.


— Bueno, sigamos, pero cógeme más fuerte de la mano— Marta le ordenó como quien no quiere la cosa.


De repente, y aunque parezca imposible, sonó el móvil de Marta. Era su amiga Conchita. Entraba un whatsapp.


“Eres idiota. Mi marido no me engaña con la panadera. Va allí sólo a comprar el pan y algún día palmeritas. Ojalá te mueras cotilla, que eres una cotilla”


- ¿Sucede algo?- Quiso saber Carlos


- No nada, eran los de Mutua Madrileña que me preguntan si “yo también me voy a la mutua”- contestó Marta.


- ¡Qué barbaridad!, ni las rocas y cuevas detienen la propaganda-exclamó Carlos


Siguieron andando por la cueva y allí, al fondo del todo, pudieron verlo: 2 rocas muy iluminadas, un stand con 2 azafatas muy monas y un cerdo que paseaba por allí. Entonces las azafatas fueron al grano, y comenzaron a decir muy claramente:


“ Aserejé, aserejé ya es primavera en El Corte Inglés...Aserejé, aserejé ya es primavera en El Corte Inglés...


Sorprendido Carlos le comentó a Marta:


-Esto es terrible. Ya no sabe esta gente qué montar para hacer propaganda.


Pero le carcomía una pequeña duda, así que se lo preguntó a las bellas azafatas:


- Todo esto es muy extraño, pero...¿Y el cerdito, qué tiene que ver en todo este montaje el cerdo que unas veces dice oink?


A lo que una de las azafatas le respondió acariciando el cerdito.


- Muy sencillo. Si van 5 o más personas a comprar a nuestro centro de Arapiles, se pueden llevar el cerdo.


Y esta es la razón por la que Carlos y Marta, Conchita, su marido, la panadera y también el cerdito se fueron aquella primavera, al día siguiente, a comprar al Corte Ingles y...fueron felices comiendo palmeritas


Moraleja: si ves una cueva por Madrid, no lo dudes...entra que ya es primavera en el Corte Inglés.



Relato publicado en fecha 3 abril 2025 para el concurso de "el tintero de oro". GRACIAS MERCHE

 

 

 

 

 

 

 

 
 
 

4 Comments

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Guest
hace 2 horas

¡Santi!

Me he divertido mucho leyendo tu relato. Has conseguido darle la vuelta a la típica historia de misterio en una cueva para convertirla en un desfile de humor absurdo, donde hasta el cerdito tiene un papel estelar.

La idea de mezclar el suspense con referencias tan cotidianas como el WhatsApp, el Corte Inglés o el "Aserejé" le da al relato una frescura muy gamberra que arranca la sonrisa de principio a fin. Me ha gustado esa naturalidad con la que los personajes van soltando sus ocurrencias, como si no quisieran tomarse demasiado en serio ni ellos mismos.

El cierre con la oferta del cerdito es un remate muy bien jugado, redondea la historia en ese tono de parodia publicitaria…

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Santidepaul
hace 2 horas
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Gracias invitado!!! por cierto...me dices tu nombre?. Ya sabía yo que eso del "aserejé" iba a gustar y me encanta tu comentario. Abrazotes

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Guest
hace 14 horas

Hola, Santi, jajajajaja, vaya relato, imaginación le echaste un rato, ironía también, jajajaja.

Muchas gracias por participar y mucha suerte en el concurso.

Un abrazo. :)

(Soy Merche).

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Santidepaul
hace 5 horas
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Buenos días Merche! y muchas gracias. A ver si gusta esta parida de relato. Hace falta humor en la literatura. Besosssssss

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© 2017 por Santi de Paúl

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