EL DESTINO DEL SOBRINO DE LA TIA LOLITA
- hace 6 días
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Era muy idiota. Tremendamente idiota.
Algunos le llamaban “el idiota patrón” , algo así como el “metro patrón” ese que está en París y que es el referente universal en las medidas, pero aquí, Juan Francisco, no medía otra cosa que el grado de idiotez de las diferentes personas y así cuantificar esa cualidad. Había uno en Rusia que, en esa escala, media nada más y nada menos que 3,5 Juan Franciscos.
Su familia estaba resignada, y no le quedó más remedio que aceptarlo, y no sólo eso, sino que para animarle le recomendaron presentarse al concurso mundial de idiotas que se celebraría próximamente. Apostaban así a caballo ganador.
A Juan Francisco le gustó la idea y para asistir fue decidido a sacarse los billetes de barco. Lástima que a Cáceres era muy difícil llegar por via marítima, pero se empeñó. Era todo un campeón en la idiotez.
Juan Francisco, todo nervios a la par que entusiasmado, decidió así presentarse. Ser el campeón del mundo, aunque fuese de la idiotez, le entusiasmaba. El premio para el ganador de los idiotas consistía en un magnífico reloj sin manillas ni números que cada minuto cantaba las horas. Como uno de “cuco” pero éste daba ladridos. Un regalo irresistible para cualquier idiota.
Tenía muchas posibilidades, lo sabía. Y la verdad es que estuvo a punto de ganarlo, pero perdió por muy poco, como perdía siempre en la vida.
El caso es que presentó en el mismo su valiente teoría e inequívoca de que la tierra era totalmente plana, avalada por muchas voces y muchos experimentos científicos e incluso videos de tik-tok, y así estuvo a punto de ganar el concurso de idiotas, pero lamentablemente ganó otro concursante, muy osado, pues ganó el apetecible concurso y con toda la razón, ya que pretendía nominar a Donald Trump para el premio nobel de la paz. Ganó por poco, pero ganó.
Otro fracaso más en su vida y Juan Francisco no lo merecía.
Pero es que desde el día que nació, estaba Juan Francisco abocado al fracaso, tal y como su tía Lolita ya le auguró al verle en la cuna con los pelos totalmente de punta sin posibilidad de alisarlos, ni siquiera con la plancha, porque lo intentó. Ese día Lolita exclamó horrorizada...
- ¡Qué horror! Parece un puerco espín. De esta guisa irá de fracaso en fracaso por la vida.
Y el destino se estaba cumpliendo. Inexorablemente.
17 chicas le dieron calabazas por tonto durante su adolescencia y la única que le hizo caso, tras cientos de regalos invertidos en el ligoteo, desgraciadamente descubrió que era virtual y que sus besos eran imposibles.
Nunca, sus compañeros de colegio le llamaron para fiesta alguna, y cuando él quiso organizar una, fue el día del gran apagón. Todo un desastre, ni siquiera la chica virtual apareció. En medio de la oscuridad, se comió todos los ganchitos de los cuencos y se puso con un aspecto horrible, como de color naranja butanero, durante todo un mes. Hubo que teñirle. Al menos le sirvió para chuparse los dedos, que ahora sabían a los dichosos ganchitos.
Y lo peor de todo: todo el mundo le llamaba idiota, con cariño, porque no eran dañinos los insultos, pero muy directos a su corazón.
Pero entonces pensó, y comprendió que si bien su destino le marcaba la idiotez profunda, lo iba a esquivar, y no sólo eso: le daría un giro radical. El mundo entero se enteraría de hasta dónde él podía llegar. Para ello, lo primero que hizo fue comprobar dónde estaba Cáceres y por fin comprendió que por allí no pescaría muchas sardinas. Estaba mejorando.
Se puso manos a la obra y en un arranque imaginativo sin parangón alguno inventó nada más y nada menos que la “sudadera sin capucha”. Todo un hito en su carrera.
Su invento gustó, vaya si gustó, ya que la humanidad entera estaba hartita de llevar una capucha que nunca se ponía. Se inventó así incluso el “día sin capucha” y fue muy festejado. Se hizo viral.
En vista de su enorme éxito, fue más allá y consiguió inventar el “tapónalaporra” o artilugio imprescincible para que el tapón desenroscado de las botellas de consumo humano y pegado graciosamente a la misma una vez abierto no molestase. El invento consistía en pegar a dicho tapón una bola de billar. Entonces era la bola de billar la que daba el coñazo al beber, pero ya no molestaba el taponcillo de las narices. Todo un éxito su invento. Juan Francisco fue incluso al programa de la tele “el hormiguero” a promocionarlo. y fue muy aplaudido.
Ya es famoso y las 17 niñas que le dieron calabazas, le comenzaron a llamar, a alabarle, a quererle. Fue entonces cuando él las dejó a todas y comenzó a acostarse de una manera continuada con la chica virtual, engendrando así un par de hijos que actualmente pululan por el ciberespacio e incendian las redes. Y fueron felices.
Ahora, la pareja de novios, junto a su tía Lolita, pasean habitualmente por el Paseo Marítimo de Cáceres y encima han tenido la suerte de conocer a Abundio. Sí, el del refrán “Eres más tonto que Abundio”. Está encantado con su nuevo amigo y juntos se escapan del destino cruel que les amenazaba.

Hola Santiago. Un humor surrealista el que despliegas, y también efectivo. La verdad es que ganar un concurso de tontos es harto complicado, la competencia es mucha, así que quedar segundo es todo un triunfo. Claro que lo que son tonterías o no depende del criterio que se utilice, para un terraplanista el tonto será el que sabe que la Tierra es redonda. Veo una moraleja intencionada en el relato, y es que sean cuales sean tus virtudes o defectos, siempre tienes, con constancia y esfuerzo, la oportunidad de sacarles partido. Si alcanzado el éxito tu ilusion es liarte con la chica virtual, pues allá cada cual con sus gustos. Asi, que ¡viva Juan Francisco, y viva Abundio! Un abrazo.
Muy bueno y muy gracioso tu relato Santi,mira tú como el tonto se convierte en listo y se hace amigo de Abundio, el famoso tonto.
El destino estaba de su lado .
Un abrazo Santi
Pues de estos tipos cada vez hay más desperdigados por el mundo, no me extraña pues que el idiota este no ganara el concurso de idiotez, pues siempre hay alguno que le puede superar. solo hay que ver la cantidad de ellos que salen en la tele, algunos gobiernan naciones y las llevan a la ruina, mientras los imbéciles incondicionales les aplauden. Y por las redes ni te cuento, los hay que muestran hasta sus vergüenzas y debilidades para que les pongan deditos hacia arriba como si fueran trofeos de ganador. En idiotez, si.
Muy gracioso y actual. El Abundio ese nunca más estará solo.
Abrazo.
Hola Santiago! Tus relatos como siempre con ese sentido del humor tan especial y con ese toque punzante. Un gran homenaje a la "Idiotez" que te ha quedado genial. Y es que parece ser que la tía de Juan Francisco iba equivocada, estaba destinado a grandes cosas en la vida, aunque fueran "grandes idioteces"... je je! Un abrazote y mucha suerte en el concurso!
Hola, Santi. Me ha sacado unas buenas risas este texto tan divertido. Pensé que "taponalaporra" era el siguiente invento tras el tapón pegado a la botella. Ambos le pegan a este fenómeno. Después, un detalle muy fino, Juan Francisco tiene hijos virtuales que son los incendian las redes en el ciberespacio, jajaja. Ese final paseando por el marítimo de Cáceres con la novia virtual y tía Lolita es puro humor absurdo. Un abrazo.